Reconciliación para avanzar
21/07/2026

Ad portas de un nuevo gobierno, la situación política se asemeja a lo sucedido al comienzo de este quinquenio: un país dividido.
Una división que se acentúo por la falta de acuerdo entre los diferentes partidos que accedieron al poder. Sus líderes no mostraron ni responsabilidad ni liderazgo y el resultado fue que tuvimos cuatro presidentes en cinco años. ¡Todo un récord!
Esta vez quienes ganaron las elecciones son los perdieron hace cinco años. Esta vez Keiko Fujimori tiene la oportunidad para la liderar y reconciliar a un país políticamente fracturado.
Pocas son las películas que pueden dejarnos lecciones sobre liderazgo y reconciliación como Invictus dirigida por Clint Eastwood.
La película trata sobre el liderazgo y la reconciliación nacional, y de cómo Nelson Mandela (Morgan Freeman) utilizó el Mundial de Rugby de 1995 para unir a su país dividido por el apartheid.
Después de haber estado preso por 27 años, Mandela es elegido presidente y esta dispuesto a reconciliar su país, que está dividido, entre la mayoría negra, que fue oprimida durante el apartheid, y la minoría blanca, temerosa por una posible revancha del nuevo gobierno.
Para llevar cabo la reconciliación, Mandela aprovecha que su país, sería la sede de la Copa Mundial de Rugby de 1995, y decide apoyar al equipo nacional.
Pero había un problema, la población negra no apoyaba a la selección de rugby porque la relacionaban con el apartheid, sin embargo Mandela estaba convencido que el triunfo de la selección en el mundial lograría unir a la nación y con tal fin se reúne con el capitán del equipo François Pienaar (Matt Damon).
La reconciliación en un proceso que busca reparar un vínculo dañado y restaurar la confianza. Invictus, nos muestra paso a paso cómo reconstruir la confianza, resolver diferencias y reparar una relación que había sido alterada por la discriminación racial.
En la política peruana, después de cada elección da la impresión que se vive un apartheid, entre ganadores y perdedores, es una división que debilita el sistema democrático.
En una democracia sólida, los partidos políticos no solo están para presentar candidatos en cada elección sino también, y principalmente, es una expresión del pluralismo político, donde la alternancia en el poder forma parte del sistema, sin que la oposición sea vista como un enemigo a destruir.
Sin partidos sólidos no puede haber una democracia sólida.
Es uno de los motivos por el cual tenemos una democracia frágil. La mayoría de los partidos son solo vehículos electorales temporales que se arman alrededor de una persona para cada elección.
En tales condiciones, lo que predomina es la cultura de confrontación donde los políticos ven como enemigos y no como adversarios democráticos y, por eso, hacen uso y abuso de control político a través de frecuente de mociones de censura o vacancias.
No hay espacio para el dialogo y cuando este se da responde a intereses cortoplacista y clientelismo que solo buscan favores políticos o blindajes legales.
El nuevo gobierno tiene la oportunidad de dar una paso en pro de una democracia madura afianzando el dialogo con la oposición para buscar acuerdos que beneficien a la población dejando de lado la confrontación estéril.
En Invictus la verdadera victoria no es ganar un trofeo deportivo, sino haber conseguido que nos grupos enemistados por años se acepten mutuamente.
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