¿Certificar es un gasto o una inversión? El impacto financiero de las certificaciones en Perú

25/06/2026

Certificar es un gasto o una inversión

Durante mucho tiempo, muchas empresas asociaron las certificaciones con un proceso complejo que aumentaba el presupuesto del proyecto y agregaba nuevas exigencias técnicas. Sin embargo, desde la experiencia de Leaf Global, esa percepción suele cambiar cuando los desarrolladores comienzan a analizar el comportamiento financiero del edificio una vez que entra en operación. La conversación ya no gira únicamente alrededor de sostenibilidad o reputación, sino alrededor de preguntas mucho más concretas: ¿cuánto costará operar este inmueble en cinco o diez años?, ¿qué tan atractivo será para inversionistas o arrendatarios?, ¿qué tan preparado está para responder a las nuevas demandas del mercado?

Hoy las certificaciones sostenibles han empezado a ganar espacio en Perú precisamente porque responden a problemas reales que enfrentan los proyectos inmobiliarios. El incremento de los costos energéticos, la necesidad de diferenciar activos en un mercado más competitivo y una creciente presión por incorporar criterios ESG han cambiado la manera de evaluar un proyecto. Lo que antes se veía como un costo adicional hoy empieza a analizarse desde una perspectiva distinta: cuánto valor puede generar en el tiempo.

El error más común es pensar que todas las certificaciones buscan exactamente lo mismo. Cada una responde a objetivos diferentes y, dependiendo del proyecto, puede generar impactos distintos tanto en la operación como en la rentabilidad.

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EDGE: cuando la eficiencia se traduce en ahorro

Uno de los principales dolores de cabeza para propietarios y operadores aparece una vez que el edificio empieza a funcionar. En muchos casos, los gastos asociados al consumo energético y al uso de agua terminan siendo mayores a los proyectados inicialmente, afectando los costos de operación y reduciendo el retorno esperado.

La certificación EDGE fue creada precisamente para abordar este tipo de situaciones. Su enfoque está centrado en medir y optimizar tres elementos específicos: energía, agua y materiales.

Lo interesante de EDGE es que busca resultados concretos y medibles. No se trata únicamente de incorporar elementos sostenibles, sino de demostrar reducciones reales en el consumo de recursos frente a una construcción convencional.

En términos financieros, esto puede representar menores gastos operativos, mejor control sobre costos a largo plazo y una mayor competitividad del activo. Para proyectos residenciales, oficinas, retail o desarrollos industriales, esta eficiencia suele convertirse en uno de los argumentos más sólidos al momento de evaluar rentabilidad.

LEED: una apuesta por el valor del activo

Hay proyectos que buscan algo más que eficiencia operativa. También buscan posicionamiento, reconocimiento y una validación internacional que fortalezca su atractivo frente a inversionistas y ocupantes.

La certificación LEED responde a este enfoque más integral. Evalúa aspectos relacionados con energía, agua, materiales, calidad ambiental interior y otros factores vinculados al desempeño global del edificio.

En el mercado peruano existen desarrolladores que empiezan a notar un cambio interesante: los usuarios y las empresas están prestando más atención a la calidad del espacio que ocupan. Un edificio eficiente ya no es suficiente si además no ofrece una experiencia adecuada o no responde a estándares internacionales.

Por eso, LEED suele asociarse con beneficios que van más allá del ahorro operativo. Puede contribuir a fortalecer la percepción del inmueble, mejorar su valorización y aumentar su capacidad para atraer empresas que incorporan criterios de sostenibilidad dentro de sus procesos de selección.

WELL: el impacto financiero de pensar en las personas

Después de la pandemia, muchas organizaciones comenzaron a hacerse una pregunta que antes pasaba desapercibida: ¿qué tan saludable es el espacio donde trabajan las personas?

La certificación WELL parte de una idea diferente. Su foco no está únicamente en el edificio, sino en quienes lo utilizan. Evalúa factores como calidad del aire, iluminación, confort térmico, acceso a espacios saludables y bienestar general de los ocupantes.

Puede parecer un aspecto difícil de relacionar con números, pero su impacto financiero empieza a ser cada vez más evidente. Empresas que operan en espacios diseñados pensando en el bienestar suelen asociar estos entornos con mejoras en productividad, satisfacción y retención de talento.

En sectores corporativos y oficinas, este enfoque ha comenzado a adquirir mayor relevancia, especialmente entre organizaciones que consideran la experiencia del usuario como parte de su estrategia de negocio.

Entonces, ¿gasto o inversión?

Cuando se analiza únicamente el costo inicial del proceso, es fácil asumir que una certificación representa un gasto adicional dentro del presupuesto del proyecto. Sin embargo, esa visión suele dejar fuera una parte importante de la ecuación: el comportamiento financiero del edificio a lo largo de su vida útil.

La verdadera pregunta no es cuánto cuesta certificar, sino cuánto puede costar no hacerlo. Edificios con altos consumos energéticos, mayores gastos de mantenimiento o espacios que no responden a las nuevas exigencias del mercado pueden perder competitividad con el tiempo y afectar directamente el desempeño del activo.

Certificar un proyecto puede generar beneficios que impactan directamente en su rentabilidad, entre ellos:

  • Reducción de costos operativos y consumo de recursos
  • Incremento del valor y la competitividad del inmueble
  • Mayor atractivo para inversionistas y arrendatarios
  • Acceso a financiamiento con criterios sostenibles
  • Mejor posicionamiento frente a futuras exigencias del mercado
  • Mayor bienestar y experiencia para los usuarios

En un entorno inmobiliario que evoluciona constantemente, la rentabilidad ya no depende únicamente de vender o alquilar espacios. También depende de qué tan eficiente, atractivo y preparado está un proyecto para responder a las nuevas demandas.

Por eso, certificaciones como EDGE, LEED y WELL están dejando de percibirse como un elemento complementario para convertirse en una decisión estratégica. Más que un gasto, representan una inversión que puede generar retornos sostenidos en el tiempo y aumentar el valor del proyecto mucho después de finalizada su construcción.

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Perú Actual

Somo un grupo de jóvenes periodistas interesados por la sociedad, la cultura y la historia del Perú. En este blog compartimos temas de actualidad, historia, turismo y educación.

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